Charron, De la sabiduría, traducción y epílogo de Fernando Bahr
Laetoli, col. Los ilustrados, 2025
El objetivo de esta obra es principalmente educativo: instruir al discípulo en un modo de pensar y actuar que, frecuente en la Antigüedad, Charron considera que ha caído en el olvido, como parte y reflejo de una cultura enferma en la que los seres humanos “hacen todo a conciencia, excepto vivir”. Ahora bien, lo más singular del caso es que ese modo de pensar y actuar está basado en la epojé o suspensión del juicio. El propósito de Charron, en todo caso, no es enseñar para el “claustro”, sino para el mundo, la vida común y civil; por ello, sostiene, es imprescindible aprender a “considerar, juzgar, examinar todas las cosas y no obligarse ni atarse a ninguna, sino permanecer en sí libre, universal, abierto y listo para todo”. Sólo así será posible un reencuentro con la naturaleza olvidada.
Pierre Charron nació en París en 1541 y murió en la misma ciudad en 1603. Tuvo distintos cargos eclesiásticos y llegó a ser un predicador de renombre. Publicó tres obras: Les trois vérités en 1594, Discours chrétiens, en 1600, y De la sagesse o De la sabiduría entre 1601 y 1604. Esta última, a la que debió su fama, fue considerada “un semillero de irreligión y ateísmo”. A pesar de ello, tuvo treinta y nueve reimpresiones entre 1604 y 1672. Para algunos, fue sólo un divulgador y vulgarizador de las ideas de su gran amigo Montaigne, cuyos Ensayos están presentes en toda su obra. Charron se hallaba muy cercano a los “libertinos eruditos” y puede decirse que De la sabiduría es algo así como su acta de fundación. Su influencia en los autores del siglo XVIII fue grande, en especial en Rousseau.